De cuando conocimos ballenas…

Dejadme que os ponga en situación: una de las tardes en Córdoba, nada más despertar de una siesta, Harry empieza a hablarme de Puerto Madryn, de ballenas, de autobuses de más de 30 horas… Yo no entendía nada y no tenía ni idea de qué demonios me estaba hablando… Pues bien, resulta que se había estado informando (y mucha gente le había hablado) del avistamiento de ballenas en Península Valdés… Y que le gustaría mucho hacer eso (en lugar de visitar Uruguay) mientras esperábamos a mi padre… Tras “discutir” los términos, decidimos pasar un finde en Buenos Aires antes, y pusimos rumbo al avistamiento de ballenas.
El viaje a Puerto Madryn desde Buenos Aires fue de “sólo” unas 21 horas en bus…

Carreteras infinitas

Al llegar, Sebas, nuestro CS allí y Uma, su perrita, nos recibieron con los brazos abiertos y un excelente plato de pasta. Sebas vivía allí desde hacía unos 3 años, así que nos dio un montón de buenas ideas, las cuales escuchamos atentamente.

Uma!

Para aprovechar la tarde, alquilamos unas bicis para ir hasta una lobería (lobos marinos en su hábitat natural) a 15 km de Puerto Madryn. La ida fue una pequeña aventura en sí, con pinchazo de rueda incluido.

Harry arreglando el pinchazo

Lobos marinos

Con la bici

Y a la vuelta, un divertido paso por una bonita duna.

Caminando por la duna

El desierto del Sáhara o Puerto Madryn?

Puesta de sol sobre Puerto Madryn

Esa noche, tras pasear a Uma y cenar, dormimos plácidamente.

Nuestro objetivo al día siguiente, llegar a Puerto Piramides (en la Península Valdés) a dedo. Todo perfecto. Un buen hombre que trabajaba de electricista allí, nos llevó mientras hablábamos un poco de la vida, la familia y la política.

Reservamos una noche de hostel y nos subimos al barco… Estábamos emocionados… ¿Conseguiríamos ver ballenas? 

Lobos marinos muy cerca

Buscando ballenas

Tras un inicio un poco frustrante donde fuimos a ver lobos marinos y estuvimos buscando las ballenas por la bahía (no es fácil, ya que esta no es la mejor época para el avistamiento, han empezado a irse…), de repente…

¡Vinieron a saludarnos! Eran una madre y su “cachorro”… Eran enormes… ¡Y preciosas! De las cosas más bonitas que he visto nunca…

¡¡¡Ballenas!!!

Hola ballenita!!

Son ballenas Francas Australes, que se caracterizan por tener esas callosidades, que son áreas de piel elevadas de consistencia córnea, situadas en distintas partes de la cabeza. La distribución, dimensión y forma de los callos varían de una ballena a otra pero no cambian con el crecimiento, funcionan como huellas dactilares, identificando a cada animal durante toda la vida.

Ballena Franca Austral y sus callosidades

Nos decían que las saludasemos, y allí estábamos los dos niños chicos meneando los brazos y gritándoles.

¡¡Hemos visto ballenas!!

Fue un momento MÁGICO e INOLVIDABLE. Estuvieron un buen rato con nosotros, a ambos lados del barco y de vuelta a la costa incluso vimos otra saltando. Todo un espectáculo.

En el siguiente vídeo podéis sentir como fue el momento en el que se acercaron a saludarnos:
Vídeo del avistamiento de ballenas en Península Valdés

Más tarde en el hostel, conocimos a Johanne y Etienne, dos amigos franceses muy simpáticos, con los que disfrutamos un paseo por la costa esa tarde y una cena muy divertida.

Precioso atardecer

Volare…

Con los prismáticos de Etienne

Cenando pasta en buena compañía

Al día siguiente, tras pasar la mañana en Puerto Pirámides y hacer unas cuantas fotos nos despedimos del hostel, y visitamos juntos la península Valdés.

La ballena del hostel

Un besito

Colgado de la ballena

Con amigos, Wall-e, Cheewaca y Calamardo

La península Valdés es muy rica en fauna: guanacos, avestruces, elefantes marinos, pingüinos…

Especie de avestruz

Toda la familia: Bob, Patricio, Wall-e y Pingu!

Wall-e conversando con Pingu

Pingu posando

Gran día en excelente compañía

Aunque nos quedamos con las ganas de ver una orca, (para eso había que tener demasiada suerte en esta época…) ¡Fue un día muy divertido!

Para la vuelta a Puerto Madryn, mientras los cuatro hacíamos dedo,tuvimos la enorme fortuna de encontrar al mismo hombre que nos había traído hasta la península el día anterior, y nos llevó a los 4…¡con una escalera enmedio!

Con la cabeza en una escalera

Para volver a Buenos Aires, como no teníamos prisa, lo haríamos a dedo. Nos despedimos de Sebas, una gran persona que tuvimos la suerte de conocer gracias a este viaje inesperado y de Uma, que tanto cariño nos demostró.

Con Sebas, Uma y el mapamundi

Y así, encontramos a nuestro querido Jimmy, un camionero que nos “levantó” cerca de Puerto Madryn, y nos dejó en Bahía Blanca, casi 1000 km después.

El gran Jimmy


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Tomando mate


 

 

Yo pa’ ser feliz quiero un camión…

Fue un viaje de muchas risas, mucho mate… En el que incluso tuvimos que escondernos, ya que “por ley”, en su camión (de productos inflamables) no podía llevar autostopistas.

Carga ilegal

Pero no acaba ahí, ya que al llegar a Bahía Blanca, ¡Jimmy nos hizo una extraordinaria cena en su camión!

Jimmy, camionero y cocinero!



Tras pasar una de las peores noches en una gasolinera, temprano en la mañana nos pusimos a hacer dedo. Un joven nos llevó 120 km en dirección a Buenos Aires, a un pueblo llamado Coronel Pringles, un poco perdido de la mano de Dios… Pero volvió a aparecer nuestro ángel: Jimmy contactó con nosotros y decidió venir a buscarnos en su coche para acercarnos hasta Mar de Plata: más de 200 km de desvío en su camino para salvarnos el día y volver a hacer más de 300 km con él.

Decidimos tomar un bus nocturno hasta Buenos Aires (ya estábamos un poco cansados de hacer dedo). También pudimos visitar un poco esta ciudad (Mar de Plata) que tampoco entraba en nuestros planes…

Wall-e también visitó Mar de Plata

En Mar de Plata con Jimmy

¡Eternamente agradecidos al gran Jimmy! 

juanporelmundo
zinetiko@gmail.com